La traducción más grande jamás contada

Hoy en día acceder a la literatura extranjera resulta sumamente sencillo, basta con adquirir en cualquier librería o portal digital la obra que deseamos leer o consultar. Gracias al trabajo del traductor podemos disponer de una casi infinita fuente de conocimientos procedentes de todo el mundo. Parece una tarea sencilla: un traductor frente al libro en el idioma original, transformando paulatinamente su contenido al idioma deseado.

Pero hubo un tiempo en que acceder a la cultura de otros países no era así de fácil. Las comunicaciones entre pueblos eran difíciles y prácticamente inexistentes, sumado a la falta de soportes escritos y alfabetización de la población.
Tan desoladora situación en el Mediterráneo sufrió un importante cambio en el s. III a. C. con la construcción de una biblioteca en la antigua ciudad de Alejandría, considerada como el primer centro de investigación y conocimiento del mundo antiguo.
Fue precisamente en dicha biblioteca donde aconteció uno de los episodios más curiosos y fascinantes de la historia: la traducción al griego clásico de la Torah o Ley judía.

Cuenta la leyenda que 72 ancianos judíos tradujeron del hebreo al griego clásico en 72 días los cinco libros del Pentateuco – más adelante el número de ancianos y días se simplificó en 70, como 70 fueron los ancianos que acompañaron a Moisés en su ascenso al Monte Sinaí (Ex 24, 1).
Todos los detalles de tan complicada empresa han llegado hasta nosotros en la Carta de Aristeas a Filócrates, escrita entre los años 200-150 a. C.
Aristeas cuenta en su carta que el rey de Alejandría, Ptolomeo II Filadelfo, quería hacer algo bueno por la comunidad judía de la ciudad traduciendo los cinco primeros libros de la Torah al griego clásico, además de aprovechar para aumentar la numerosa colección de la Biblioteca. Para ello el monarca escribió al sumo sacerdote de Jerusalén, de nombre Eleazar, pidiéndole que enviara varones cualificados para traducir las escrituras. El sumo sacerdote tuvo a bien complacer la petición de Ptolomeo II, haciendo llegar a Alejandría 72 ancianos expertos en la Torah y las lenguas hebrea y griega. El monarca les ofreció todas las comodidades en una gran mansión situada en la isla de Faros, muy próxima a la ciudad, donde trabajaron durante 72 días hasta traducir los cinco libros del Pentateuco. Filón de Alejandría, en su De vita Mosis, añade a la legendaria historia que los 72 ancianos trabajaron de forma independiente y que una vez terminaron la traducción, comprobaron que todas ellas coincidían a la perfección.
Una vez finalizada la traducción, fue leída en voz alta en público para gozo de los presentes. Y a continuación se ordenó hacer dos copias: una para la Biblioteca y otra para la comunidad judía de Alejandría.

Los investigadores actualmente aceptan parte del contenido de la Carta de Aristeas a Filócrates, pudiendo entrever los principales motivos de semejante tarea de traducción: un interés cultural por parte del monarca y su entorno, pero también razones de tipo jurídico, pues los judíos de Alejandría probablemente se acogían a las costumbres de la Ley de Moisés. Así pues, la administración tuvo a bien traducir al griego el Pentateuco para una mejor legislación de la comunidad judía, a la vez que se enriquecía el patrimonio bibliográfico de la Biblioteca.

A raíz de la leyenda, la versión griega del Pentateuco fue conocida como la versión de los 70 ancianos o simplemente la LXX. Significó además una apertura del mundo cultural judío a la cultura helena, siendo texto de referencia para la comunidad judía alejandrina y para notables escritores judíos como Filón de Alejadría o Flavio Josefo. Incluso se convirtió en fuente de consulta de los cuatro evangelistas para la composición de sus escritos sobre la vida y muerte de Jesús.

Más información: “La carta de Aristeas a Filócrates” texto completo en castellano http://www.traduccionliteraria.org/1611/esc/biblia/aristeas.htm

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El proceso a Jesús. Las claves (1)

Aprovechando el presente tiempo de Semana Santa, analizamos algunos puntos de La Pasión relatada en los cuatro evangelios canónicos para intentar comprender la parte histórica del proceso y crucifixión de Jesús.

La última cena

Los evangelistas Marcos, Mateo y Lucas nos cuentan que Jesús y sus discípulos celebraron la cena de Pascua como última cena, que tuvo lugar el viernes 14 del mes de Nisán (abril). Pero hay un punto contradictorio al inicio de los tres relatos: “El primer día de los ázimos”, que se refiere al primer día de la semana en que se comía pan ázimo (sin levadura), es decir, el día anterior a la cena pascual, en este caso un jueves. Los tres evangelistas coinciden en el error de situar la última cena durante la cena de Pascua, pero también nos dicen que la última cena tuvo lugar el día anterior a la cena pascual. Entonces, ¿con qué día nos quedamos? ¿Jueves o viernes? Si echamos un vistazo al evangelio de Juan podemos encontrar la posible respuesta: “Antes de la fiesta de Pascua” (Jn 13, 1). El cuarto evangelista sitúa la última cena el día anterior a la cena de Pascua, un jueves. ¿Acierta el evangelista? Parece bastante probable que Jesús celebrase una última cena con los suyos, intuyendo que la cena pascual no podría celebrarla, pues sería condenado a muerte el mismo día de Pascua.
Llama la atención que la condena y muerte de Jesús se produce de una forma muy rápida, entre la noche del jueves y la mañana del viernes. Probablemente había un especial interés por parte del Sanedrín en quitarse del medio a Jesús antes de celebrar la cena pascual.

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Prendimiento

Terminada la cena, Jesús y sus discípulos se dirigen a Getsemaní (que significa “lagar de aceite”), un lugar situado en el valle del Cedrón, al pie del monte de los olivos. Allí dedican parte de la noche a orar.
Con Jesús y los discípulos también habría un gran número de seguidores, algunos de ellos armados. Los soldados que acuden junto con Judas a Getsemaní para llevar a cabo el arresto van armados con espadas y palos – Mc 14, 43 y Mt 26, 46 – porque saben del peligro de dicha operación. Temen represalias por parte de algunos de los seguidores de Jesús. Seguramente tuvo lugar una disputa armada entre ambos bandos. Los evangelistas no mencionan tal disputa, con la intención de mostrar a Jesús y los suyos como un grupo pacífico; pero sí aportan algo de información de forma indirecta: Mateo cuenta que uno de los seguidores de Jesús cortó una oreja a un soldado – en Lc 22, 50 Jesús obra un milagro y cura la oreja al soldado -, mientras que Juan dice que el propio Pedro usó su espada para proteger a Jesús. El evangelio de Marcos, el más antiguo de los cuatro, es el único que no muestra a Jesús reprendiendo a los suyos por el uso de espadas contra los soldados, llamativo sin duda.
El episodio finaliza con el arresto de Jesús. Algunos estudiosos consideran que durante el arresto también hicieron presos a varios de sus seguidores, dos de ellos crucificados con él, los mal llamados ladrones – la traducción correcta de la palabra griega es sedicioso, no ladrón.

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Jesús ante el Sanedrín

El tribunal del Sanedrín condena a Jesús por declararse a sí mismo Mesías. Pero en realidad esta acusación no tiene el peso suficiente como para desencadenar en una condena a muerte. Jesús se había convertido en una gran amenaza para el grupo sacerdotal judío, pues había alterado en varias ocasiones el orden político y social. El episodio que probablemente supuso su sentencia de muerte fue el altercado en el Templo.
En los evangelios Jesús monta en cólera contra los vendedores y compradores, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas.
Pero hay algo chocante en este episodio. Si Jesús era un judío riguroso con la Ley, ¿cómo podía oponerse al cumplimiento de las leyes para con el Templo? Todo judío que visitara el Templo debía cumplir los preceptos de la ley; los peregrinos necesitaban de los cambistas para adquirir moneda y poder comprar en los diferentes puestos animales para los sacrificios, así como efectuar donativos en metálico para el Templo. Por ese motivo es poco verosímil que Jesús estallara contra cambistas y vendedores; en realidad estalla contra los abusos que se producían en el lugar más sagrado de la ciudad, abusos que enriquecían solo a unos pocos, los sacerdotes que controlaban el Templo.

pasion 2Durante el interrogatorio del Sumo Sacerdote, Jesús es acusado principalmente de blasfemia (Mc 14, 61-64). Siguiendo el relato marcano, hay un punto de especial interés: cuando el Sumo Sacerdote se dirige a Jesús con la siguiente pregunta: “ ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?” Es muy llamativo que el propio sacerdote haga uso del término Cristo – que significa ungido, es decir, Mesías – y la expresión Hijo del Bendito, que en aquella época carecía de sentido – pues en la mentalidad judía no era posible una idea de parentela entre Yahveh y una persona humana. Parece más bien un añadido de Marcos (Brandon, 1968) -.
En cambio, el Sumo Sacerdote en el relato de Mateo dice “Te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”. La expresión Hijo de Dios en el mundo judío se usaba como una fórmula de adopción entre la divinidad y el hombre, no significaba literalmente ser hijo de una divinidad; encontramos esta misma designación en 2Sam 7, 14 para relacionar al Rey Salomón con Yahveh. En cambio la expresión Hijo de hombre sí relaciona a un hombre con el mundo divino, utilizada para personas que superaban la condición humana (Dn 7, 13-14); el mismo Jesús hace uso de esta expresión precisamente con ese significado: “De ahora en adelante, el Hijo del hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios” (Lc 22, 69). En la época todos eran Hijos de Dios, pero solo unos pocos podían superar su condición humana y ser llamados Hijo de hombre.

Otra de las acusaciones que aportan algunos testigos llamados a declarar por el Sanedrín son las siguientes palabras de Jesús sobre la destrucción del Templo. “Yo destruiré este Santuario hecho por hombres y en tres días edificaré otro no hecho por hombre”. Parece una clara alusión de los evangelistas a la verdadera destrucción del Templo acaecida en el año 70, como consecuencia de la muerte de Jesús a manos del pueblo judío.

Negaciones de Pedro

Una vez terminan las acusaciones contra Jesús y el Sanedrín dicta su sentencia de muerte, Marcos y Mateo sitúan el episodio de las negaciones de Pedro; Lucas en cambio lo coloca antes del juicio, mientras que Juan lo divide en dos partes: una primera negación antes del juicio y dos más después de la condena.
El relato marcano es muy peculiar, pues se producen tres negaciones y dos cantos del gallo: Pedro reniega de Jesús una primera vez y segundos después canta un gallo; vuelve a renegar dos veces más, y de nuevo canta el gallo (Mc 14, 72). La primera negación y canto del gallo parecen pertenecer a una tradición muy antigua que no siguen ni Mateo, ni Lucas ni Juan – en estos tres evangelios Pedro reniega tres veces y después canta el gallo -. Esa tradición que solo sigue Marcos se combinó después con las dos últimas negaciones que corresponden a dos relatos paralelos de otras tradiciones.

Parte 2 próximamente.

El oráculo de Apolo y Pitón en Delfos

Hubo un tiempo en que dioses y humanos interactuaban juntos en la Tierra, unidos por un vínculo especial establecido desde la noche de los tiempos. El mundo era joven y los dioses dejaban una impronta de magia por los lugares que pisaban. Llegó un día en que los humanos no volvieron a ver a los dioses, pero aprovecharon aquellos rincones impregnados de su esencia para seguir en contacto con ellos. Necesitaban saber que desde algún lugar lejano los dioses velaban por su vida, querían seguir aprendiendo de ellos y obtener el apreciado don del conocimiento.
La antigua Grecia, tierra de reyes y héroes, fue muy apreciada por los dioses ancestrales. Entre sus numerosas montañas y valles aún perduran algunos de los portales que los griegos utilizaron para comunicarse con sus divinidades. Sin duda alguna, uno de los lugares más enigmáticos se encuentra en Delfos. Descubramos por qué motivo.

El origen del oráculo de Delfos todavía es un misterio. La mitología griega nos ha transmitido varias versiones legendarias que no ayudan a comprender desde un punto de vista histórico su antigüedad; mientras que la arqueología sí ha podido constatar un culto en Delfos desde época micénica, período comprendido desde el siglo XVI al XI a. C. Entre el material rescatado por los arqueólogos destacan una serie de figurillas o idolillos de época micénica, relacionados con el culto a la Diosa Madre, tal y como sugiere Rovert Graves. Es más, según Estrabón, la primera profetisa fue Gea, la Diosa Madre.

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La mitología cuenta que Zeus, queriendo saber cuál era el centro de la Tierra, hizo volar dos águilas al mismo tiempo y misma velocidad desde los extremos del planeta y ambas se encontraron en Delfos. El padre de todos los dioses decidió señalar el centro de la Tierra con una piedra de mármol blanco llamada omfalós, que en griego significa ombligo/centro.
Por otro lado, los Himnos Homéricos relatan que el dios Apolo transformado en delfín – δελφίς – reclutó a varios mercaderes cretenes como los primeros sacerdotes para su santuario en Delfos. Nótese la similitud del nombre Δελφοί – Delfos en griego – con la palabra delfín. Una de las hipótesis aceptadas es que el nombre derive de la palabra delfín, mientras que otra teoría lo relaciona con la palabra ὀμφαλός , ombligo.

Pero quizá una de las leyendas más arcaicas e interesantes sea la que relaciona el oráculo con el dios Pión. Cuenta la leyenda que las tierras del oráculo fueron en su día la morada de la Gran Serpiente Pitón, una terrible criatura nacida del limo que se originó terminado el diluvio universal.
Tiempo después, Apolo mató a la Gran Serpiente en la cima del Monte Parnaso, arrojando por una grieta su cuerpo sin vida. Sobre esa misma grieta situarían el propio oráculo las gentes de Delfos.

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El historiador Diodoro Sículo narra en su Biblioteca Histórica que pasado un tiempo, unas cabras que pastaban cerca del Monte Parnaso descubrieron la grieta. Cada vez que se acercaban y miraban en ella brincaban y balaban en un modo fuera de lo normal. El pastor, asombrado por lo que veía, se aproximó a la grieta para echar un vistazo. Quedó presa del mismo fenómeno, pero además podía ver el futuro. Poco después la noticia de lo ocurrido se difundió entre todos los campesinos, que acudían en masa al lugar para comprobar si lo ocurrido era verdad. Efectivamente, cada persona que se acercaba a la grieta entraba en aquel estado de éxtasis. De modo que dicho lugar fue considerado una tierra milagrosa capaz de predecir el futuro, y su fama era cada vez mayor, convertido en un verdadero lugar de peregrinación al que acudían numerosas personas de Delfos y sus alrededores. Pero como muchos de los peregrinos se tiraban por la grieta en pleno éxtasis, incapaces de controlar los espasmos del cuerpo, decidieron elegir una sola mujer encargada de realizar los oráculos; además de acondicionar el recinto con un trípode colocado sobre la grieta para comodidad de la profetisa.

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Se creía que el espíritu de Pitón había quedado atrapado dentro de la grieta, al servicio del dios Apolo. Las emanaciones que salían de la misma grieta eran en realidad el espíritu de la Gran Serpiente, que ayudaban a la pitia/pitonisa a comunicarse con Apolo; de modo que las preguntas realizadas a la joven profetisa eran escuchadas por Apolo mediante el espíritu de Pitón, y respondidas siguiendo el mismo proceso pero a la inversa.

Cuando quedó definitivamente establecido el oráculo en Delfos, al principio se hacía una consulta a la pitia una vez cada siete años, siempre el día 7 del mes de Bysios – mes del nacimiento de Apolo -. Debido a la gran cantidad de peregrinos y peticiones de consulta, cambiaron la norma y ampliaron los días de consulta, el 7 de cada mes.

El viaje que realizaban los numerosos peregrinos llegados desde todos los rincones de Grecia era un verdadero viaje iniciático, desde el lugar de partida hasta el propio oráculo, atravesando la Vía Sacra o Pítica. Una vez se encontraba en el reciento, el peregrino debía purificarse en las aguas de la fuente Castalia, situada frente al oráculo. Después comenzaba todo un proceso ritual para saber si el dios Apolo estaba dispuesto a escuchar la consulta: se colocaba una cabra en un altar y se derramaba sobre ella un cubo de agua fría; si la cabra temblaba, Apolo estaba receptivo, si permanecía quieta, era una maña señal y debía posponerse la consulta para el mes siguiente. En caso de que la cabra temblase, continuaba el ritual y el peregrino pagaba una tasa en función de la petición, bien una torta de miel o dinero; por último se sacrificaba la cabra.
Terminada esta parte del ritual, el peregrino realizaba su consulta a los sacerdotes del oráculo, pues estaba prohibido preguntar directamente a la pitia. Los sacerdotes se adentraban en el adytum – el reciento oracular propiamente dicho – donde se encontraba la pitia, sentada en un trípode formado por tres serpientes gigantes y situado sobre la grieta, predispuesta para escuchar la consulta y entrar en contacto con Apolo. Previamente la pitia había realizado un ritual de purificación: se bañaba en las aguas de la fuente Castalia, bebía agua de la fuente Cassotis – que hacían llegar al oráculo mediante una cañería – y mascaba hojas de laurel, el árbol de Apolo. Los sacerdotes a su vez quemaban hojas de laurel con otras sustancias, que la pitia inhalaba junto con los gases que salían de la grieta. De esta manera entraba en éxtasis poco a poco, forcejeaba, se rasgaba las vestiduras y gritaba; después, algo más relajada, pronunciaba las palabras proféticas reveladas por la divinidad. Mientras tanto sus sonidos, palabras y movimientos eran registrados por los cinco hosii o santos, nombrados de por vida y elegidos por los descendientes directos de Deucalión – uno de los pocos supervivientes del Diluvio Universal, considerado el Noé griego -. Terminado el éxtasis y el oráculo, llevaban a la pitonisa a un lugar de reposo donde permanecía hasta que recuperaba la normalidad.

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Al principio las pitonisas eran mujeres jóvenes y vírgenes, pero más adelante decidieron cambiar la costumbre por mujeres mayores de 50 años vestidas de jovencitas, que realizaban el mismo ritual. ¿Por qué motivo? Diodoro Sículo explica que un tesalio llamado Ejécrates, cuando consultaba a la joven pitia, se enamoró de ella, la raptó y violó. Los délficos, escandalizados, decretaron que las futuras profetisas no serían mujeres jóvenes vírgenes, sino mujeres mayores de 50 años vestidas como muchachas jóvenes en memoria de la pitonisa violada.

El oráculo llegó a convertirse en el centro de adivinación por excelencia, frecuentado por los mortales para obtener respuesta a consultas de todo tipo, desde asuntos militares a intereses personales.
Tenemos constancia en las fuentes antiguas que personajes ilustres de la antigüedad hicieron uso del oráculo para sus propios intereses, tales como Plutarco, Alejandro Magno, el Rey Creso de Lidia, Apolonio de Tiana o el emperador Adriano.

La actividad del oráculo de Delfos fue finalmente clausurada por el emperador Teodosio en el año 385 d. C. aproximadamente, cuando fue proclamado el cristianismo religión oficial del Imperio Romano y fueron prohibidos todos los cultos paganos.

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El mundo laboral de los primeros cristianos de Roma

Desde mediados del siglo I de nuestra era el cristianismo empezó a dar sus primeros pasos en la capital del Imperio romano. En un primer momento, la comunidad de fieles seguidores de Jesús estaba integrada – en su mayoría – por unos pocos grupos de judíos; pero con el pasar del tiempo, fue aumentando en número conforme era predicada en la ciudad la doctrina de Pablo de Tarso y posteriormente el contenido de los evangelios – Marcos, Mateo, Lucas y Juan.
Asentado el cristianismo en Roma entrado el siglo II, con una comunidad bien desarrollada y formada tanto por judíos como gentiles o paganos, había una imperiosa necesidad de encontrar un lugar donde descansasen los cuerpos de sus difuntos. Para ello se decidió comprar una serie de terrenos a las afueras de la ciudad, que utilizaron como lugar de enterramiento. Conocidas propiamente como catacumbas, estas ciudades subterráneas de muertos fueron utilizadas sobre todo entre los siglos III y V, lugar de reposo eterno para todos los miembros de la comunidad cristiana.

El estudio de las catacumbas ha permitido un mayor conocimiento del cristianismo primitivo en Roma, sobre todo en aquellos temas en los que las fuentes literarias de la época no aportan noticia alguna. Uno de esos temas hoy día conocido gracias a la arqueología y la epigrafía es el mundo laboral de los primeros cristianos. ¿Qué trabajos desempeñaron los primeros cristianos de Roma?
El análisis de las lápidas y los textos en ellas grabados, así como las imágenes o pinturas realizadas en la misma lápida o cámara funeraria, permiten conocer mejor la vida del pueblo cristiano de Roma desde el siglo III al VI. La información es escasa pero referida al día a día de los fieles, que las fuentes literarias no documentan. Gracias a los textos de las lápidas podemos conocer mejor la vida familiar o el mundo laboral y religioso; pero analizando la tumba en su conjunto también podemos distinguir los tipos de enterramientos según la clase social del difunto, desde simples tumbas para los más humildes – a veces anónimas – a tumbas más ricas en cámaras decoradas con frescos para los fieles de clase alta.

En muchas de las inscripciones conservadas, procedentes de las diferentes catacumbas de Roma, los difuntos decidieron poner por escrito el trabajo que desempeñaban en vida. ¿Por qué motivo? Desde la época apostólica el trabajo era entendido como la tendencia natural del hombre para la colaboración de la obra divina, trabajar era un don y un deber social, un medio de sostenimiento para el propio individuo y su familia, así como una manera de sustentar a aquellos miembros de la comunidad que no podían trabajar por impedimentos físicos. El mismo San Pablo escribe en referencia al trabajo “quien no quiera trabajar que no coma” (2 Ts 3, 10), pues el trabajo era una necesidad para la supervivencia de uno mismo. Todos los miembros de la comunidad tenían el deber y obligación de trabajar, excepto los enfermos, huérfanos, viudas y discapacitados.

El mundo laboral romano se basaba principalmente en la agricultura, comercio, artesanía y la pequeña industria, todos ellos trabajos manuales en general, realizados por las clases bajas de la sociedad. Por encima estaba el trabajo intelectual, valorado positivamente y reservado a unos pocos privilegiados.
También los cristianos, como la mayoría de los romanos, desempeñaron todo tipo de trabajos manuales.

El análisis y estudio de las lápidas ofrece todo un repertorio de actividades que en su momento desempeñaron los fieles cristianos de Roma. Desde artesanos, agricultores o comerciantes, incluso aurigas, saltimbanquis o mimos, a senadores y mujeres con destacados cargos comerciales. Un mundo a parte era la vida clerical, el medio ideal para colaborar con Dios en su obra terrenal.
Trabajar era para cada uno de los fieles algo muy importante, tal y como escribe San Basilio de Cesarea en su Parvum Ascetikon , “un medio de crecimiento espiritual, un modo de formar parte de la obra de Cristo, y todo aquello que sirve para trabajar se convierte en sagrado”.

Veamos en detalle algunos de los ejemplos más significativos de las catacumbas de Roma:

En la Catacumba de Domitila, tenemos un mozo de cuadras llamado Constantinus representado en la lápida junto con dos animales.
La Catacumba de Marcelino y Pedro cabe destacar un pescadero de nombre Iulius Marius Silvanus y un marmolista, Eutropos, representado en la losa mientras trabaja en su taller.

San Pablo Extramuros conserva el epígrafe del auriga Eutimius, muerto en el 439.

En Priscila son pocos los textos que ofrecen información sobre la actividad del difunto. Algunos pocos miembros del clero, varios militares, dos enterradores, un lapicida llamado Olimpio y un lechero de nombre Pomponius Felix. También cabe destacar un veterano del ejército romano, Publio Marcello, y un eques llamado Blossius Urbanus.

Uno de los casos más curiosos es la lápida de Vitale en la Catacumba de San Sebastián. Se trata de un cristiano que ejercía de mimo en el mundo del espectáculo. Se conserva la losa funeraria en varios fragmentos, que cubría la tumba situada en el pavimento de la iglesia de San Sebastián, sobre la que fue escrito un texto dedicado por el propio difunto Vitale. El texto ha podido ser traducido no sin cierta dificultad por el padre Janssens (Roma, 1981).
Vitale se dirige primero a la muerte, que no se olvida de nadie, que no sabe de alegrías ni de bromas, todo ello cosas que amaba Vitale y con las que había hecho una buena fortuna. Vitale era una persona alegre, capaz de provocar la risa a los espectadores. Era un gran imitador: capaz de reproducir varias voces y sonidos, casi idéntico a las personas que imitaba. También era capaz de imitar personajes femeninos. La tristeza de Vitale es que todos aquellos que había imitado en vida también han muerto con él.
El texto termina pidiendo a los lectores que le deseen una vida feliz, porque ahora se siente triste.

Llamativo sin duda el caso de Vitale, porque algunos padres de la iglesia como Tertuliano (160-220) u Orígenes de Alejandría (185 aprox – 254), condenaban el mundo de los espectáculos. El mismo Tertuliano en su De spectaculis condena que los fieles se dedicasen a dichas actividades, tanto el mundo circense o el teatro, pero también condenaba a los fieles que asistían a tales espectáculos y representaciones. Porque en esos ambientes se practicaba la idolatría y la perversión. En los circos se mataba gente con sangre y crueldad, mientras que en los teatros se practicaba la impudicia y lo obsceno. Si los fieles asistían a tales espectáculos no podían mantenerse puros en alma y cuerpo. Por eso todo tipo de espectáculo debía ser prohibido a los fieles.

Con la inscripción de Vitale parece claro que algunas actividades del mundo del espectáculo no estaban prohibidas a los cristianos, por lo menos no aquellas que pudieran ofender la moral o fueran violentas. Pero no hay suficientes ejemplos para resolver este problema. Un caso similar es el de Eros pammusus gymnicus, un experto gimnasta, cuya inscripción fue encontrada cercana a las Termas de Diocleciano.

En el Cementerio de Comodila encontramos representado en una losa un enterrador anónimo preparando el cuerpo para su sepultura, y el elefantarius Olympius, un vendedor de objetos de marfil.

El Cementerio de San Valentín, situado en la Vía Flaminia, conserva la lápida de un custos llamado Cicero, encargado del cementerio. También fue allí enterrado el Scholasticus Lascivus, un abogado con nombre de humillación, y un negotias purpuratius, comerciante anónimo de púrpura – importada desde la antigua Fenicia.

Algunas inscripciones de senadores fueron encontradas en la Catacumba de San Calixto, así como un vendedor de verdura llamado Valerius Pardus, el centurión de la quinta cohorte Aurelio Aureliano, un encargado de cocina de nombre Primenius o el moledor de grano Festibus.

Un grupo importante pero limitado de inscripciones contiene nombres de mujeres que desempeñan las más diversas actividades. Algunas de ellas desempeñaron en su día cargos de alto nivel en el mundo del comercio y artesanado.
Tenemos una vendedora de aceita llamada Felicissima en Domitila, una vendedora de cebada de nombre Pollecla, la comerciante de fruta Ursa en Comodila, la vendedora de comida en conserva Aelia. Entre las mujeres artesanas caben destacar costureras y tejedoras, como Vicentia y Cantilla. En los Museos Vaticanos se conserva el epígrafe de una tal Viccentia aurinetrix, fabricante de hilos de oro.
Un grupo todavía menor pero no menos importante son las mujeres de clase alta, Clarissimae Feminae, como Petronilla en San Sebastián o Cassia Faretria en San Calixto.

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Planeta Humanes. Premio Blogger House 2015.

Queridos lectores,

La Odisea de la Historia ha otorgado a Planeta Humanes el Premio Blogger House 2015. Es todo un honor recibir dicho premio de reconocimiento por parte de un blog amigo, formado por un fantástico equipo lleno de pasión por las humanidades que trabajan por y para la cultura.

Planeta Humanes nació precisamente con esa idea, pero enfocada principalmente al mundo antiguo: un portal con artículos de calidad para todos los públicos, con el objetivo de difundir la historia y la arqueología de forma amena, clara y concisa.

Todavía se trata de un blog menor, pero gracias al interés y continuas visitas de lectores de medio mundo, así como el apoyo recibido por parte de La Odisea de la Historia, este portal irá creciendo con el tiempo y mejorando en su contenido.

Sois todos vosotros quienes dais sentido a este proyecto. En breve se inicia la segunda temporada, toda por y para vosotros queridos lectores.

Muchas gracias.

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¿Qué es el Premio Blogguer House?

El Premio Blogguer House se otorga a todos aquellos que han contribuido positivamente a la blogosfera con al menos un blog actualizado regularmente y con contenido de calidad. Premia, por lo tanto, a la constancia en la publicación y a la pasión por lo que se publica.

Las normas de aceptación del Premio son las siguientes:

1-Agradecimiento público al bloguero del que se ha recibido el premio.
2-Nominación en una entrada de tu blog personal a los 10 blogueros que a tu juicio más contribuyen a la blogosfera.
3-Notificación pública a los blogueros nominados.
4-Exhibir el logotipo del premio en tu blog.

Durante estos últimos años, internet ha permitido un mayor acceso a la cultura. Pero también ha sido la puerta para nuevos escritores y proyectos, deseosos de compartir con los usuarios sus diferentes pasiones y conocimientos. En el ámbito de las Humanidades son muchos los blogs dedicados a la difusión de la historia, arqueología o filosofía. Por su calidad de contenidos, pasión y trabajo nomino a los siguientes 10 blogs:

1- Historias de la Historia

2- La nave íbera

3- El Stylo de Safo

4- Archaeology News Network

5- Lugares con historia

6- Mediterraneo Antico Magazine

7- Blog de Estudios Bíblicos

8- Expopapiros

9- Alin Suciu

10- Across the Atlantic

La fiesta de San Pedro y San Pablo: un origen pagano

El 29 de junio es un día destacado en el calendario litúrgico, festividad de San Pedro y San Pablo.

La fuente más antigua que menciona dicha celebración es el calendario litúrgico Depositio martyrum filocaliana. Los cristianos de Roma, desde el año 258, conmemoraban el martirio de Pedro y Pablo en las catacumbas de la Vía Apia, donde fueron depositadas y veneradas durante cierto tiempo las reliquias de ambos – más adelante serían depositados los restos de Pedro en la actual necrópolis vaticana y los restos de Pablo en la necrópolis de la Basílica de San Pablo Extramuros.
Otra fuente posterior son los Hechos de Pedro y Pablo de Pseudo Marcelo – siglo V d. C. -. El texto apócrifo cuenta que Pedro y Pablo murieron un 29 de junio, pero la fecha es errónea si tenemos en cuenta que la persecución de Nerón contra los cristianos se inició un 19 de julio del año 64 d. C.
Parece probable pensar que a partir del siglo III/IV la tradición cristiana estableció como fecha del martirio y muerte un 29 de junio, información que después utilizó el propio Pseudo Marcelo.

Entonces, ¿por qué precisamente esa fecha? Seguramente los primeros cristianos no recordaban el día exacto de las muertes de Pedro y Pablo. Sencillamente tomaron una fecha importante de la cultura romana y “reciclaron” la festividad. ¿Qué celebraban los romanos cada 29 de junio? El culto al dios Quirino, la divinización del mismísimo Rómulo, uno de los fundadores de Roma junto con su hermano Remo. En sus orígenes, la festividad de Quirino o Quirinalia tenía lugar el 17 de febrero. Tiempo después, en el 16 a. C. el emperador Augusto ordenó restaurar el templo de Quirino – situado a la entrada del Quirinal – y cambió la fecha de celebración al 29 de junio.

El dios Quirino y la Quirinalia simbolizaban el origen de Roma. Cuando los cristianos eligieron el 29 de junio como día para conmemorar a Pedro y Pablo, no lo hicieron por casualidad, conscientes del profundo significado de la fecha para el pueblo romano.
En un determinado momento “cristianizaron” la fiesta pagana, cobrando entonces un nuevo significado: Quirino/Rómulo y Remo como fundadores de Roma fueron sustituidos por Pedro y Pablo como fundadores de la Roma cristiana; Rómulo y Remo, gemelos en vida, ahora recordados como Pedro y Pablo, gemelos en la muerte.

De esta manera los cristianos fijaron en el calendario un día específico para honorar a las dos figuras más importantes del cristianismo en Roma. Además, los paganos podrían ver con buenos ojos una continuidad de sus antiguos cultos, hecho que facilitaría la conversión al cristianismo de parte del pueblo romano.

Zenódoto, el bibliotecario de Alejandría

Una de las ciudades más fascinantes de la antigüedad fue Alejandría. Fundada en el año 332 a. C. por Alejandro Magno, fue la capital cultural del Mediterráneo antiguo, centro por excelencia de las ciencias y las letras. Todo ello fue posible gracias a uno de los mayores templos de cultura de la historia, la famosa biblioteca que Ptolomeo I Sóter – Πτολεμαίος Σωτήρ – ordenó construir para el engrandecimiento de la ciudad alejandrina.
Dentro de ese templo de conocimiento la incesante labor de escribas, estudiosos, filósofos y científicos permitió a la cultura helena alcanzar su momento de mayor esplendor. El abanico de estudios era de lo más variado, desde astronomía, biología y matemáticas, hasta filosofía o filología entre muchos otros.

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Una de las primeras personas encargadas de dirigir la biblioteca fue Zenódoto de Éfeso, 325-234 d. C. aproximadamente, cuyos estudios en el campo de la filología merecen su lugar y reconocimiento en la historia.
Zenódoto – Ζηνόδοτος en griego – fue el primer director de la biblioteca. El que fuera gobernador de Alejandría en aquel tiempo, Ptolomeo II Filadelfo, vio en Zenódoto uno de los hombres mejor preparados para desempeñar dicho cargo, especialmente por sus conocimientos en filología y poesía.
Un papiro encontrado en Oxirrinco – P. Oxy. 1241 – aporta algo de información sobre los años de actividad de Zenódoto como bibliotecario, período que oscila entre los años 290 y 270. Mientras que un documento del siglo X incluye una breve biografía del filólogo: se trata de la enciclopedia anónima bizantina Suda – Σοῦδα en griego -, que dice lo siguiente:

Zenódoto de Éfeso, poeta épico y filólogo, discípulo de Filetas de Cos en tiempos de Tolomeo I y primer editor crítico de Homero, también primer director de la biblioteca de Alejandría y educador de los hijos de Ptolomeo”.

Resulta que Ptolomeo II tenía el deseo de ampliar la biblioteca y llevarla a su máximo esplendor. Zenódoto, una vez elegido mayor responsable del complejo, inició con la ayuda de sus colaboradores un arduo trabajo de copia de todas las obras escritas en griego hasta ese momento. Se enviaron emisarios por las principales bibliotecas del mundo conocido para tomar prestados los rollos de papiro que contenían las más diversas obras de la literatura escrita hasta la fecha; una vez de regreso en Alejandría, los escribas de la biblioteca se encargaban de copiar el contenido de cada uno de los papiros. En algunos casos la pericia de Zenódoto y sus colegas no tenía límites, quedándose con las obras originales y devolviendo a sus respectivas bibliotecas una copia. Finalizado el trabajo de copia, los textos se clasificaban según la temática y el autor.

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A parte de la dirección de la biblioteca, Zenódoto realizó un importante estudio de la Ilíada y la Odisea, pues era un apasionado de los poemas homéricos. Sus amplios conocimientos de filología le permitieron realizar minuciosos análisis de los textos homéricos que llegaban a sus manos desde el resto de bibliotecas. El objetivo de toda la investigación era obtener el texto más puro y menos contaminado de Homero. Comparaba entre sí todos los papiros que contenían los poemas para poder identificar cuál era el texto más original o menos modificado, una ardua tarea de “crítica textual” – inventada el propio Zenódoto, según algunos estudiosos.
El de Éfeso consideraba como únicas obras originales de Homero la Ilíada y Odisea. Su trabajo consistía en la lectura y relectura de cada una de las copias de los poemas que llegaban a sus manos, para después proceder al análisis filológico. Durante el proceso anotaba las variantes de léxico o gramática, así como los errores. A continuación realizaba una copia del texto que el propio Zenódoto consideraba más original, antiguo o menos contaminado, anotando a margen las diferentes variantes y otras observaciones filológicas obtenidas de la lectura del resto de copias – llamados marginalia -. Cuando creía que un verso del poema no era auténtico, lo escribía con un obelós – ὀβελός “guión” -, evitando de esa manera eliminarlo, modificando lo menos posible el texto. De esa manera el lector comprendía que determinados versos, a ojos del editor, no formaban parte de la obra original sino que eran añadidos posteriores.
Una importante novedad en la elaboración de copia de Homero fue la división de cada uno de los dos poemas en 24 cantos, uno por cada letra del alfabeto griego, estableciéndose de esa manera un orden de letras que dura hasta nuestros días – algunas fuentes antiguas asignan a Aristarco de Samotracia, 216-144 a. C., la primera división en cantos de la Odisea -. Además, Zenódoto numeró cada uno de los cantos con las letras del alfabeto, mayúsculas para Ilíada y minúsculas para Odisea.
El continuo interés del bibliotecario por Homero y los poemas no finalizó ahí, llegando a elaborar un glosario de términos homéricos así como una biografía del propio aedo.
Zenódoto fue un hombre adelantado a su tiempo, amante de las letras y en especial del estudio de los textos. Gracias a él la filología sufrió un importante desarrollo mediante el estudio, copia y conservación de numerosas obras de la literatura griega. Su trabajo y legado han continuado vivos a lo largo de los siglos, un modelo para sus sucesores y los filólogos de nuestro tiempo.