El Hipogeo de Via Dino Compagni (Roma)

Planeta Humanes se adentra en uno de los complejos de tumbas más fascinantes de Roma: el hipogeo de Via Dino Compagni.

Durante la construcción de un edificio en el año 1954, una parte del terreno se vino abajo, dejando al descubierto un hipogeo. Temiendo que se parasen las obras ante tal descubrimiento, decidieron mantenerlo en secreto y continuar con los trabajos de construcción. Una vez estaba casi terminado el edificio, el responsable decidió finalmente dar parte del hipogeo a la “Pontificia Commissione di Archeologia Sacra”. El encargado de evaluar el descubrimiento fue el Padre Antonio Ferrua, arqueólogo y epigrafista especializado en el mundo cristiano antiguo. Realizó una prima inspección por las diferentes salas del hipogeo, algunas dañadas por los pilares del edificio, otras cubiertas por cemento. Procedieron a realizar una serie de trabajos de restauración y retiraron con cuidado el cemento para evitar que las pinturas no sufrieran mayores daños. Finalizadas todas estas tareas, en 1956 iniciaron un detallado estudio del complejo, especialmente de las numerosas pinturas murales.
La fortuna había querido que un cementerio privado del siglo IV d. C. viera de nuevo la luz.

Acompañados del profesor Matteo Braconi (Università Roma Tre) nos adentramos en la mejor pinacoteca paleocristiana del siglo IV.

La entrada al hipogeo se encuentra en plena calle. Pasa completamente desapercibida a los transeúntes, camuflada a modo de alcantarilla. Cuando el operario de la “Pontificia Commissione di Archeologia Sacra” levanta la pesada puerta de metal, la oscuridad deja entrever unas estrechas y empinadas escaleras de piedra. Es el momento de retroceder en el tiempo y descubrir uno de los mayores tesoros del cristianismo primitivo.

La temperatura desciende, una fría humedad impregna todo el ambiente. Las escaleras dan paso a una estrecha galería a penas iluminada por unos focos, que conduce a su vez a dos pasillos. Caminamos unos metros y un mar de colores e imágenes nos sorprende en cada una de las cámaras que encontramos.

Una de las características del lugar es la gran variedad de pinturas murales en rojos, verdes, azules o blancos. La conservación es bastante buena, así como la técnica de las mismas. Todo ello nos hace comprender que las personas que allí mismo fueron enterradas pertenecieron a una clase social elevada. En la época, no solo se demostraba la riqueza de una familia en el día a día, sino también en la complejidad y lujo de los enterramientos.
Pero precisamente aquí la temática de las pinturas es muy particular, porque se representan tanto escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, así como escenas de la mitología pagana. ¿Cómo es posible? Las tumbas fueron construidas en época constantiniana, momento en el que se empieza a tolerar el cristianismo, pero todavía estaban arraigados los cultos paganos entre las familias romanas tradicionales. Parece ser que los propietarios del hipogeo fueron romanos convertidos al cristianismo, pero mantenían parte de la tradición cultual pagana. Por ese motivo expresaron su deseo de decorar sus tumbas con escenas tanto cristianas como paganas.

Las pinturas inundan cada una de las cámaras, paredes y techos, incluso algunas columnas. La temática más repetida son las historias de Jonás, Jacob, Moisés o el episodio de la Samaritana, escenas del relato mitológico de Hércules y una variada fauna y vegetación de tintes bucólicos.

Los frescos de temática bíblica son una mayoría. Pintan las historias de Jonás, Lázaro, la ascensión de Elías en un carro a los cielos, el sueño de Jacob, el sacrificio de Isaac, Sansón con una mandíbula de burro para matar a los filisteos, Adán y Eva junto al árbol prohibido, o la Samaritana y el pozo, entre otras.
Pero uno de los relatos más repetido es el de Jonás. ¿Por qué motivo? Jonás sobrevive después de ser engullido por un pez, y para los primeros cristianos simbolizaba la salvación, la esperanza en la resurrección después de la muerte. Otro pasaje que también se repite en algunas tumbas es la resurrección de Lázaro, por el mismo motivo.

Continuamos la visita avanzando por otro pasillo hasta una pequeña sala con dos cámaras a ambos lados. La cámara de la izquierda destaca especialmente por su excesiva decoración vegetal y una pintura que representa la muerte de Cleopatra.
Pasado este punto, encontramos a la derecha unas escaleras que descienden hasta una fosa con agua. Hacía las veces de pozo para abastecer de agua a las personas que visitaban la tumba.
Más adelante entramos en una cámara de planta circular, atravesada por los pilares del edificio. La temática pictórica es diferente, varias figuras de hombres y mujeres – los dueños de las tumbas – vestidos como filósofos; pero los estudiosos también han identificado en estas figuras a Jesús y sus discípulos caracterizados también de filósofos al estilo griego.

Llegamos a la parte final del hipogeo, donde la decoración es más numerosa y de mayor calidad. Vuelven a repetirse las escenas bíblicas de Jonás o Moisés, mezcladas con frescos de mitología pagana. Pintan el relato de Teseo con la cabeza de Medusa y el ciclo dedicado a Hércules y los doce trabajos – Hércules y Cerbero o matando a la Hidra.
El color de estas pinturas es intenso y vivo, la técnica muy precisa, con ornamentaciones de flora y fauna repartidas por las paredes y columnas de las cámaras.

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