El origen del cristianismo en Roma

Explicar el origen del cristianismo en Roma merece antes una pequeña introducción sobre el judaísmo en Roma.

Tenemos constancia documental del pueblo judío en Roma desde el siglo II a. C. Llegan a la Capital del Imperio como comerciantes, prisioneros o esclavos de guerra. Según Filón (De legatione ad Gaium), la mayor parte de los judíos vivían en la zona del actual del barrio de Trastevere, en su mayoría aquellos que fueron prisioneros y después puestos en libertad, aunque carecían de la ciudadanía romana. Con el tiempo su presencia en Roma fue creciendo e incluso ganando peso político.
Las buenas relaciones de la comunidad judía con Julio César y su entorno le permite gozar de ciertos privilegios, de modo que podían reunirse libremente para la celebración del culto y la comida en común. También quedaban exentos de prestar servicio militar, así como de organizar colectas para el templo de Jerusalén.
Se calcula que en el siglo I d. C. la población judía era de 40.000/50.000 personas aproximadamente.

Roma y la provincia Siria estaban estrechamente comunicadas durante la primera mitad del siglo I de nuestra era. La llegada de judíos seguidores de Jesús a la capital del Imperio era solo cuestión de tiempo. Pero, ¿en qué momento llegan a Roma?

El historiador romano Tácito en su “Annales” (15, 44) explica que el emperador Nerón acusó a los cristianos (Chrestianos) de provocar el incendio que asoló Roma el 19 de julio del año 64.
La información que aporta Tácito es realmente interesante: deja claro que ya en el 64 hay una clara diferenciación entre judíos y cristianos (Nerón solo condena a los cristianos, no a los judíos); además, cuando se refiere a los cristianos, habla de un grupo numeroso (“multitudo ingens”).

Parece claro que en los años 60 había un cierto número de cristianos. Si tenemos en cuenta la Carta a los Romanos, escrita hacia el año 58, Pablo de Tarso cuenta su deseo de visitar la comunidad cristiana romana desde hace algunos años (15, 23). Podemos entender de sus palabras que dicha comunidad era bien conocida, y es probable que se tratase de un grupo bien establecido en Roma desde tiempo atrás.

Una pista importante la encontramos en los Hechos de los apóstoles (18, 2-3). El capítulo 18 de Hechos cuenta la fundación de la comunidad cristiana en la ciudad griega de Corinto. Pablo llega allí entorno al 50 d. C., y encuentra alojamiento en la casa de un matrimonio de judíos creyentes en Jesús, llamados Aquila y Priscila. Ambos habían llegado a Corinto desde Roma, expulsados por una orden del emperador Claudio. Se trata de un testimonio importante de la presencia de judeocristianos en Roma, de modo que debemos situar el origen de la comunidad cristiana antes del año 50, ya iniciado el año 40.
Según cuenta Suetonio en “Claudio” (25, 4), el emperador expulsó a los judíos de Roma por una serie de tumultos entre los judíos provocados por un tal “Chrestus” (Iudaeos impulsore Chresto assidue tumultuantis Roma expulit). ¿Quién era Chresto? El nombre aparece documentado en el “Corpus Inscriptionum Latinarum” como un nombre romano, pero carece de sentido que un romano interviniese entre las comunidades judías y promover los altercados. Podría tratarse de una confusión de “Christus”/ “Chrestus” por parte de Suetonio, hecho que parecía producirse con frecuencia en el siglo II d. C. (siglo en el que escribe el proprio Suetonio). Si entendemos que Chrestus se refiere a Cristo/Jesús, nos encontraríamos con la siguiente situación: un conflicto entre los judíos seguidores de Jesús y los judíos que no lo aceptaban. Los primeros misioneros judeocristianos llegaron a Roma entorno al año 40, y comenzaron a predicar su mensaje en las diversas sinagogas de la ciudad. Se crearían dos grupos dentro de la comunidad judía, uno integrado por los misionarios judeocristianos y los judíos recientemente convertidos, y un segundo grupo formado por el resto de judíos que rechazaron el mensaje de Jesús y permanecieron fieles a la Ley. Probablemente una serie de disputas teológicas entre ambas facciones provocaron los disturbios a los que hace referencia Suetonio. La solución del emperador Claudio fue la expulsión de una parte de la población judia de Roma, entre los que se encontraban Aquila y Priscila.

De todo ello podemos entender que la comunidad cristiana de Roma viene fundada a partir de misioneros de Jerusalén o Antioquia, las dos ciudades principales de difusión del evangelio; no se trata de una comunidad fundada por Pablo o el mismo Pedro. La tarea de estos misioneros judíos seguidores de Jesús (no podemos hablar todavía de “cristianos”) es predicar primero entre los judios y más adelante amplían su campo de propaganda entre los paganos romanos (Carta a los Romanos 1, 16). Y durante los años sucesivos se mantiene un fuerte vínculo de influencia teológica de Jerusalén a Roma.
Después del conflicto acaecido entre la comunidad judía y el grupo de judeocristianos, y la expulsión de parte de los miembros más conflictivos mediante el edicto de Claudio, la actividad de evangelización continúa en Roma. El proprio Pablo reconoce la elevada calidad del cristianismo en Roma en Carta a los Romanos (15,14), pues seguía el modelo teológico de Jerusalén, de clara tendencia judía y por tanto respetuoso con la Ley; reconoce además que los romanos han recibido una forma completamente válida del evangelio y expresa su deseo de visitar la comunidad de Roma.
Pero más adelante se crean dos facciones diferenciadas entre los creyentes de Cristo: un grupo de judeocristianos celosos de la Ley Mosáica y otro grupo formado por paganos convertidos. El rechazo de Pablo a un cristianismo totalmente radical tanto para judíos como para paganos le convierte en persona non grata en algunas de las comunidades, entre ellas la romana y la de Jerusalén. Y como consecuencia de ello, Pablo viene denunciado por los judeocristianos más conservadores y hecho prisionero en Jersusalén y trasladado a Roma en el año 61. La misma suerte parece tener Pedro, también denunciado por el sector más conservador, molestos sobretodo por la apertura del apóstol hacia los paganos y un judeocristianismo más moderado.

A partir de los escritos de Clemente, se admite que Pablo y Pedro murieron en Roma entre los años 64-67 d. C. como mártires en la persecución de Nerón hacia los cristianos. El drástico final para ambos, según la tradición, fue la crucifixión a Pedro en el Circo de Nerón (situado en el lado sur de la colina vaticana) y la decapitación a Pablo en algún lugar de la Via Ostiense.

11050733_754562754657833_6373781118202021679_n

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s