La tumba etrusca de las manos de plata

Las últimas excavaciones en el área arqueológica de Vulci (Viterbo, Roma) (imagen 1) han sacado a la luz una extraordinaria necrópolis en Osteria, formada por un conjunto de tumbas etruscas datadas entre los siglo VII y IV a. C.

Se tratan en su mayoría de grandes tumbas rectangulares excavadas en la roca destinadas a difuntos de una clase social media-alta, a las que se accedía por un pequeño pasillo que daba paso a la cámara funeraria. En dicha cámara, se depositaban las cenizas del fallecido junto con algunos de sus objetos personales y ofrendas de la familia. Y son precisamente esos objetos la fuente principal de información para descubrir quiénes fueron los dueños de las tumbas encontradas.
El material arqueológico analizado apuntaba en sus inicios que se trataba del lugar de enterramiento de una familia de rango elevado, pero el extraordinario descubrimiento de unas manos de plata en la cámara B de la necrópolis parece ser una pista de gran importancia para identificar a los difuntos del conjunto funerario de Osteria.

La entrada a las cámaras (imagen 2, color amarillo) se realiza por un largo pasillo de unos de 10 metros de largo, que da paso a un patio de planta rectangular y completamente descubierto; situados en el patio, los arqueólogos pudieron identificar un total de tres tumbas, que denominaron como cámara central A, cámara B y cámara C, esta última prácticamente destruida por posibles saqueos en el pasado.
Un análisis de la estructura arquitectónica y la decoración de cada una de las tumbas hace comprender rápidamente a los arqueólogos que el hallazgo es de gran importancia, pues un enterramiento de dichas características solo podía pertenecer a una familia aristocrática de la antigua Vulci.
La sepultura de mayores dimensiones es la cámara central A, de planta rectangular y con un techo a dos aguas; la cámara B (imagen 3) es de similares características, pero presenta una arquitectura un poco más compleja y mejor elaborada, con paredes realizadas a base de bloques de piedra dispuestos de forma ordenada y sin ningún tipo de fijación, con un techo abovedado y atravesado por un largo pilar. La cámara C también es de planta rectangular pero de tamaño inferior.

Pero el mayor valor de las tres cámaras son los objetos encontrados en su interior. Los arqueólogos han podido recuperar una variada gama de objetos cerámicos como ollas y pithoi (una tinaja grande de forma ovoide), vasos y copas de metal. Pero además, en cada una de las tumbas se encontraron otra serie de objetos de inestimable valor, que atestiguan la riqueza de la familia propietaria del lugar: los restos de un pequeño carro (imagen 4) en la cámara B junto con unas cinchas de bronce para sujetar el carro al caballo; fíbulas de hierro y bronce, anillos y colgantes en la cámara A, pequeñas semiesferas de bronce dorado (imagen 5) que seguramente eran colocadas sobre un vestido a modo de decoración, y dos manos de plata (imagen 6, una de las manos) con las uñas realizadas en láminas de oro (imagen 7).

De todo el material encontrado en las tumbas, las dos manos de plata son los objetos que más captaron la atención de los estudiosos. Se trata de un “unicum”, pues nunca antes se habían encontrado unas manos elaboradas en plata como las de la cámara A. Sí tenemos otros ejemplos realizados en bronce, como la mano de Pescia Romana (imagen 8) del VII a. C. o las manos de bronce encontradas en la “Tumba del Carro de Bronce” de Vulci (imagen 9) también del VII a. C., pero ningún otro ejemplo en plata.
La técnica usada para realizar este tipo de manos es de origen oriental, concretamente procede de la antigua Grecia. Desde el siglo VIII los griegos ya usaban esta técnica, que realizaban tomando láminas de bronce que ponían sobre un trozo de madera tallado con la forma de una divinidad, por ejemplo, para fabricar la estatua de un dios. Tiempo después se difunde a la cultura etrusca, que usa la técnica especialmente para fabricar figuras antropomorfas de un difunto o incluso el mismo cuerpo del fallecido, en un intento por preservar la forma del cuerpo y recordar a la persona, pues el cadáver se quemaba.
Parece que las manos de plata encontradas pertenecieron a un miembro de la aristocracia etrusca del siglo VII a. C. Analizados todos los objetos en su conjunto, las manos, las fíbulas, los anillos, las semiesferas doradas, dan a entender a los arqueólogos que la tumba pertenecía a una mujer, probablemente una princesa etrusca. La familia quiso preservar su memoria en la cámara B, depositando sus objetos personales y una figura de forma humana en la que colocaron hechas en plata las manos de la princesa (imagen 10, reconstrucción de la tumba). De esa manera ella continuaría con vida.

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