El éxodo bíblico

El libro del Éxodo nos cuenta la heroica liberación del pueblo israelita y el viaje desde Egipto hacia la tierra prometida por su dios Yahveh.
Durante años, estudiosos de todo el mundo han discutido sobre la veracidad del relato. No hay pruebas arqueológicas que demuestren tal suceso, solamente documentos escritos; pero si leemos con atención las fuentes bíblica y egipcias, podemos obtener algo más de información.

En el libro de Génesis (10, 1-6) se explica que Egipto es uno de los hijos de Cam, que a su vez es hijo de Noé. Es decir, la tierra de los faraones es descendiente directa de los antepasados de los israelitas.
Egipto era una tierra próspera, y cuando había sequía y hambrunas en la región de Palestina, los pueblos semitas bajaban al delta del Nilo. Allí se asentaron pastores, comerciantes, jornaleros, incluso esclavos de guerra. Uno de estos pueblos fueron los hicsos.

El historiador egipcio Manetón (s. III a. C.) relata en su “Historia de Egipto” una invasión masiva de los hicsos llegados desde el este, estableciéndose en el delta, exactamente en la ciudad de Avaris (imagen 1), donde tiempo después fundaron una dinastía que gobernó Egipto con crueldad durante mucho tiempo. Más adelante, un nuevo faraón egipcio muy poderoso decide atacar a los hicsos y expulsarlos de allí, incluso los persigue hasta la frontera siria.
En la zona de Avaris se han encontrado sellos e inscripciones en lengua semítica con los nombres de algunos soberanos hicsos; los investigadores creen que se trate de la XV dinastía. Otras evidencias de la llegada de una población semítica a Egipto son la cerámica y las tumbas encontradas.
Parece que la historia de Manetón tenga su paralelo en el libro del Éxodo: el cananeo José es vendido como esclavo en Egipto, pero con el tiempo llega a convertirse en visir en la corte del faráon; José junto con los hijos de Jacob prosperan y sus descendientes se multiplican; tiempo después José muere y asciende al poder un nuevo faraón que no conoce a los hebreos, teme una rebelión y decide esclavizarlos.

Tenemos por tanto una fuente externa que atestigua la presencia cananea en Egipto, con su posterior derrota y expulsión. Pero queda por conocer un dato importante: ¿quién es el faraón del Éxodo? El pasaje bíblico no especifica de quién se trata. Pero se puede deducir a partir de Éxodo 1,11, donde se cuenta que los israelitas construyeron para el faraón las ciudades de Pitón y Ramsés. Fuentes egipcias dicen que fueron construidas en tiempos de Ramsés II, dinastía XVIII, en el siglo XIII a. C. Además, en la estela del faraón Merneptah (imagen 2), hijo de Ramsés II, se menciona por vez primera al pueblo de israel en una inscripción egipcia, donde se lee “Israel ha sido arrasado y su descendencia no existe”. Vendría a significar que los hicsos fueron expulsados durante el reinado de Ramsés II.

Sabiendo la dinastía y el faraón que expulsó a los invasores de Egipto, sería posible datar el éxodo en el siglo XIII a. C., unos trescientos años después de la fecha bíblica.

Pero queda por comprender cómo todo un pueblo pudo huir y escapar del lugar sin ser interceptado por los soldados del faraón. Empresa prácticamente imposible, dado que Egipto vigilaba y controlaba las fronteras con una serie de fuertes, a parte de controlar y administrar las ciudades cananeas. Un grupo grande o pequeño habría sido interceptado y capturado de inmediato. Por otra parte, el episodio de la apertura del Mar Rojo es completamente legendario y carece de explicación histórica.
Una vez atraviesan las aguas, viajan por la península del Sinaí durante 40 años. Lo más llamativo es que no dejan ni un solo rastro, la arqueología no ha encontrado ningún resto material de la presencia israelita durante ese período. Probablemente porque nunca estuvieron en dicho lugar.

Conociendo todo esto, la historia quedaría de la siguiente manera: un pueblo extranjero procedente del este se estableció en Egipto durante un tiempo determinado y después fue expulsado o destruido.

¿Se esconde algo más? Para el egiptólogo canadiense Ronald Redford sí. Según su opinión, el relato se basa en otra época, en el Egipto del siglo VII a. C., durante el último período imperial de la dinastía XXVI. Tras analizar el Israel y Egipto de ese período, Redford se dio cuenta que había una serie de coincidencias con el episodio bíblico. A partir de dicho análisis, llega a la conclusión de que los israelitas redactan el Éxodo tomando algunos acontecimientos ocurridos en el pasado y que a penas recuerdan y los adaptan a la situación política del siglo VII: un conflicto entre el rey Josías de Judá, que pretendía unificar a todos los pueblos de Israel en un solo estado, contra la expansión de los faraones de la dinastía XXVI. Moisés representaría a Josías, mientras que el faraón Neco sería el proprio Ramsés II.
Una teoría no tan descabellada como parece, teniendo en cuenta que el relato del Éxodo fue puesto por escrito entorno al 622 a. C. Imaginemos la situación: los escribas redactan el episodio a partir de una tradición oral de carácter legendario, que adaptan a la situación política de ese momento, con un claro mensaje religioso, la victoria de Yahveh sobre el pueblo egipcio.

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