Los amuletos en la antigüedad

La magia estuvo estrechamente ligada a las culturas de la antigüedad desde tiempos inmemoriales. Nuestros antepasados creían estar bendecidos por una serie de divinidades que cuidaban hasta el más mínimo detalle de su existencia. En agradecimiento, construyeron templos donde poder ofrecer sus respetos y estar en contacto directo con ellos. Necesitaban de su protección y poder para vivir, y con el paso del tiempo aprendieron a utilizar ese magia para su propios intereses. De esa manera consiguieron fabricar instrumentos mágicos que propiciara su suerte, amor o protección, objetos que hoy en día conocemos como amuletos. Olvidados por sus dueños y enterrados por el paso del tiempo, gracias a la arqueología han salido a la luz cientos de objetos de este tipo, piezas de especial importancia para conocer ese mundo esotérico perdido. Una serie de objetos cargados de una simbología y magias especiales. Descubramos algunos ejemplos de los amuletos más utilizados en Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma.

En la antigua Mesopotamia se dieron cuenta de la necesidad de protegerse de ataques enemigos o castigos divinos, y para ello comenzaron a desarrollar una magia preventiva. Para ello tomaban un determinado objeto que llenaban de magia protectora mediante una serie de rituales, cuya función sería alejar todos los peligros de un individuo o lugar. Y de ese modo nacieron los amuletos. Empleaban este tipo de objetos para proteger casas, ciudades y personas. Por ejemplo, cuando construían una casa, introducían en sus muros un amuleto guardián para protegerla de los fenómenos meteorológicos, o distribuían por las paredes una serie de figuras llamadas “ídolos-ojo” (imagen 1) para defenderse contra el mal de ojo.
Otros amuletos de especial importancia eran aquellos utilizados contra los demonios, que previamente había conjurado un exorcista. Este tipo de demonios tenían como tarea provocar abortos, enfermedades infantiles y trastornos mentales a las madres. Por ese motivo, se distribuían a niños, madres y mujeres embarazadas amuletos de Pazuzu (imagen 2), rey de los demonios alados, pues tenía el poder de ahuyentar a los espíritus malignos de forma permanente.

Los egipcios no solo utilizaron los amuletos para alejar los males, sino también como medio para obtener suerte, éxito, salud, amor o trabajo. Se trataban de piezas cargadas de magia y confeccionadas de un material y colores determinados para garantizar su correcta función, como actualmente se puede leer en el papiro McGregor, que forma parte del Libro de los Muertos. Se han encontrado en grandes cantidades y en formas de colgante, pulsera, anillo y todo tipo de adornos. Pero no solo servían como protección para los vivos, también eran colocados junto al ajuar del difunto para proteger el cuerpo en su viaje al más allá.
De entre todos los amuletos, el más popular fue el ojo de Horus (imagen 3), un talismán contra enfermedades, traiciones o maldiciones. Simbolizaba salud, prosperidad y perfección, además de potenciar la visión física e interna de la persona.
Los escarabeos (imagen 4), fabricados en forma de escarabajo, proporcionaban protección contra el mal y una vida larga y próspera. Depositado junto al difunto le garantizaba la resurrección y la posibilidad de alcanzar la vida eterna.
Para evitar picaduras o mordeduras de insectos y serpientes venenosas, envidias o traiciones, los egipcios confeccionaron amuletos en forma de escorpión que llevaban consigo en colgantes y anillos.
El nudo de Isis (imagen 5) simbolizaba la regeneración femenina, un amuleto de fertilidad que portaban las mujeres durante el embarazo o en el momento del parto.

Los antiguos griegos también utilizaron amuletos preventivos o protectores. Para ello, tomaban piedras semipreciosas a las que dotaban de una fórmula mágica que concediera al objeto la función deseada. Con el tiempo fueron mejorando la técnica para que se incrementase el poder de la gema, grabando imágenes y textos mágicos (imagen 6). Incluso incrementaban la fuerza del amuleto por contacto directo con un cadáver, pues la muerte para los griegos tenía un poder oculto inmanente. Eran la fórmula perfecta para rechazar el mal de ojo o enfermedades y maldiciones.
Otros amueltos empleados por los griegos fueron los anillos o láminas de oro, plata o estaño, enrolladas y colgadas al cuello, donde se escribía una especie de receta para curar o repeler una enfermedad.

Herederos directos de toda esa cultura esotérica fueron los romanos, gentes realmente supersticiosas. Necesitaban sentirse protegidos contra todo tipo de males, pues era una práctica habitual maldecir al vecino o al amigo por envidias o intereses políticos. Uno de los amuletos más extendidos contra el mal de ojo era el falo (imagen 7), que en este caso carecía de significado sexual. La persona no tenía más que ponerse un colgante fálico para beneficiarse de su protección, incluso lo tocaban con asiduidad para aumentar su poder mágico. También se usaba para aumentar la fertilidad.
Los niños romanos varones llevaban colgado del cuello una “bulla” (imagen 8) contra los malos espíritus, un colgante que se ponía nueve días después del nacimiento y que los hijos de ciudadanos podían llevar hasta los 16 años. La “bulla” podía contener diversos amuletos en su interior, como piedras preciosas o plantas mágicas. Las niñas en su lugar portaban una lúnula, un collar en forma de luna con propiedades similares a la “bulla”.
Además, como griegos y egipcios, los romanos usaban objetos o piedras semipreciosas para atraer la fortuna, el amor o la salud. Por ejemplo, detrás de la puerta de casa colgaban una herradura para aumentar la seguridad del hogar.

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