Julio César “El Mesías”

Ninguna de las religiones que conocemos es original, todas y cada una de ellas beben de otras anteriores, motivo por el que tienen elementos en común. El cristianismo no es una excepción, una rama directa del judaísmo y que, a lo largo del tiempo, ha tomado y adaptado elementos de la religión egipcia o romana, entre otras.
Desde los orígenes del estudio del cristianismo los investigadores tenían muy claro que Jesús existió. Pero conforme avanzaba la investigación unos pocos estudiosos se hicieron la siguiente pregunta: ¿existió verdaderamente Jesús? Las pruebas son muy escasas si tenemos en cuenta los evangelios y algunas fuentes externas. ¿Los evangelios podrían ayudar a resolver el misterio? El italiano Francesco Carotta, tras mucho tiempo de investigación, se aventuró a dar una posible solución: el Jesús de los evangelios es en realidad Julio César. Veamos algunos puntos de su teoría.

Según Carotta, los evangelios serían una transposición diegética, es decir, la reelaboración de una historia pasada para un nuevo público en un lugar diferente. Para ello los hechos sufren una serie de cambios: geográfico, de lengua y personajes.
Las historias de Julio César y Jesús tienen varios elementos en común, sobre todo nombres de lugares y de personas, pero también coinciden en el desarrollo de su vida pública. Por ejemplo, ambos personajes iniciaron su actividad desde la Gallia-Galilea; atraviesaron un río, César el Rubicón y Jesús el Jordán; descendieron a lo largo de un mar, César el Adriático, Jesús el Mar de Galilea; después entraron en una ciudad, César en Corfinium y Jesús en Cafarnaum, donde César expulsó al enemigo que ocupaba (obsessus en latín) la ciudad, mientras que Jesús expulsó el demonio que poseía (también se usa obsessus) a un hombre.
Carotta hacer notar que ambas narraciones tienen la misma secuencia (país, río, mar, entrada en una ciudad, expulsión del enemigo). Además, explica que no tiene ningún sentido el largo rodeo que da Jesús para ir de un lugar a otro en el evangelio de Marcos; pero sí tiene lógica si los nombres de esos lugares son una transposición diegética de los sitios por los que casualmente pasó César desde Alejandría hasta el Ponto.
Otra serie de nombres que coinciden son Bitinia-Betania, Nicomedes-Nicodemus, Casio Longino-centurión Longinos. La última es muy interesante, porque el centurión Longinos atravesó con su lanza el costado de Jesús, y Casio Longino apuñaló a César. Todavía más curioso es que el centurión Longinos fue canonizado por la Iglesia y su día festivo es un 15 de marzo, el mismo día que Casio Longino mató a César.

Otra prueba más para Carotta son una serie de frases que pronuncian ambos personajes y que se corresponden en mayor o menor medida. Entre los numerosos ejemplos, destacaremos dos:
Alea iacta est: “Echando (las redes), eran pescadores”. En este caso, se produce una confusión de la palabra latina alea (dado) con la griega haleeis (pescadores), y la frase latina pierde completamente su significado y habla sobre “echar redes”.
Veni vidi vici también tendría un error de traducción, una confusión entre la palabra griega eníkesa (vencí) y énipsa (me lavé), dando lugar a las palabras de Jesús “Vine, me lavé, vi”.

Las similitudes entre ambos personajes se ven de forma mucho más clara en los relatos de la pasión, que siguen también una misma secuencia: conjura, asesinato, proceso póstumo, cremación para César y crucifixión para Jesús. Pero el punto que más llama la atención de Carotta es la propia crucifixión de Jesús, que parece en realidad el funeral de mismo César.
Asesinado Julio César, se realizó su funeral colocando el cuerpo dentro de una urna (imagen 1); después se puso un trofeo con una figura de cera del cuerpo del difunto con sus ropas ensangrentadas sobre el féretro, para que todo el pueblo lo viera (imagen 2). El trofeo se asemejaba a una cruz y, gracias a las monedas y figuras de la época, podemos ver que su estructura es casi idéntica a la imagen de Jesús en la cruz (imagen 3 y 4). Parece como si Julio César hubiese sido crucificado.
Si se compara la reconstrucción del funeral con la imagen más antigua de la crucifixión, un relieve de marfil del siglo V (imagen 5), podremos ver que las dos tienen bastantes elementos en común: aparece Longinos en el lado izquierdo de Jesús para apuñalar el costado (como Casio Longino a César) y lleva en su cabeza un pileus, gorro acuñado en las monedas de Bruto y Casio Longino después de asesinar a César. Jesús solo presenta clavos en las manos y no en los pies, parece que flote, como la figura de cera del trofeo fúnebre. Esta imagen de la crucifixión se mantendría durante todo el primer milenio. Llamativo sin duda, pues dista mucho de antiguas representaciones de crucificados, donde el cuerpo sí cuelga del madero (imagen 6). Sabían cómo era la posición de un crucificado, ¿por qué no representan de la misma manera a Jesús en la cruz?

Estas son, a modo de síntesis, algunas de las ideas que Carotta considera como pruebas para pensar que los evangelios cuentan la historia de Julio César transformado en un nuevo personaje, de nombre Jesús. La idea sería conservar la memoria del romano y divinizarlo como hijo de Dios, el Mesías salvador de todos los pueblos.

Algunos de los puntos de la teoría son sin duda llamativos, pero no dan una respuesta definitiva. No explican las continuas contradicciones entre los evangelistas para escribir los hechos de Jesús, ya sean su nacimiento, vida pública o el relato de la pasión. Si en realidad fuesen una reelaboración de la vida de César, no tendrían mayores problemas en tomar las fuentes romanas y copiarlas. En ese caso, no habría discrepancias entre los cuatro relatos.
Además, una sociedad tan cerrada y antiromana como la judía no toleraría la divinización y título de Mesías de un romano. Sería más probable pensar que los primeros judeocristianos tomaron algunas ideas de la religión romana si querían promocionar el cristianismo por todo un Imperio gobernado por Roma. Incluso sería más atractivo para el público romano aceptar a Jesús como nuevo dios si veían en él rasgos del mismísimo César.

Hablar de una transposición diegética serían palabras mayores, es más sencillo y lógico pensar en una asimilación de elementos romanos durante los primeros años del cristianismo.

Para más información consultar la página de Francesco Carotta: http://www.carotta.de/

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Un comentario en “Julio César “El Mesías”

  1. Se me hace absurda la comparacion como la presentan, tal ves la vida de Jesús sería más copia de Elías o Elíseo, pero no de julio César

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